UN POCO DE LOCURA
¿Qué ocurriría si un paciente que haya estado en coma desde aquel glorioso jueves de feria despertase de un sueño profundo?
Quizás no se sorprendería por ver a un negro en la Casa Blanca, ni por ver un esqueleto de hierros en la plaza de la Encarnación.

Si a ese sevillista que despierta de un enorme sueño, le contasen que hemos ganado seis títulos en estos años, seguramente pediría que le pellizcasen porque no se lo podría creer. Sería algo de locos.
La locura es esa acción que, por inesperada, causa una gran sorpresa. Debió estar delirando el Arrebato cuando acertó a poner letra y música al orgullo y a la historia de un sentimiento. Debieron volverse locos los cien mil que, cual romería futbolística, invadieron Madrid, y no menos locos los miles que, con todo en contra, se situaron frente al acantilado del gol norte del Camp Nou, como rompeolas sevillista que hiciese añicos las embestidas que desde todos los lugares amenazaban con arrebatarnos ese último trofeo de locura.
Porque la locura del sevillismo invadió las calles de nuestra ciudad, para recibir aquella primera Uefa o esa glamurosa supercopa europea. Las calles de la ciudad se inundaron de rojo.
¿Qué había miles de balcones engalandos con un trapo rojo y cuatro letras? ¡Y no solo en los balcones, sino en todos los rincones del planeta!.
Eso es de locos. Tanto como que tocamos una liga con la punta de los dedos, y que nos arrebataron, los cuatreros de siempre, esos a los que les hicimos una manita en su propia guarida.
!Venga ya, cuéntame otra!
Pues la historia debe continuar, esta bendita locura no debe pararse por mucho que la cruda realidad nos golpee la cara para despertarnos. No debe ser un sueño, no se puede truncar en pesadilla, los locos que tomaron la calle así lo exigen.
Ahora puede llegar un loco de los banquillos, un señor que cuando habla de fútbol parece que lo hace desde el alma, un entrenador que no embelesa, él te enamora o te repele, ese es Bielsa, para lo bueno o para lo malo.
Y yo espero esa locura, creo que la grada también, nuestra armada se quedó sin estandarte, quizás la locura presidencial, que tanto nos dió, haya agotado algo su predicamento por esos ocho años consecutivos de arenga diaria. Alguien tiene que cogerle el relevo, y si ese alguien también está loco por el fútbol, pues mejor.
La locura de Bielsa debe enamorar a todos, no debemos permitir la discrepancia, las grietas derriban hasta las más poderosas estructuras, y el nuevo capitán que se atisba necesita desde el inicio a todos en estado de alerta para ayudar a levantar de nuevo ese monumento que se llama Sevilla FC.
Los años transcurridos desde ese jueves de feria, han sido muchos y con múltiples vicisitudes, el que despertó del coma con su cerebro formateado, virgen de discrepancias y debates estériles, ese, ese está loco por colgar la bandera en el balcón.
Y yo también....... esperando al loco.
Fdo. Ignacio Moreno.











