En Grecia se preguntan qué hicieron con su dinero, y en España también
Grecia está soportando un chaparrón de maldiciones. Hablar de Grecia hoy es como si lo hiciéramos de un país maldito, un país con pus y podredumbre. Un país a punto de desaparecer de la faz planetaria. Pero los griegos viven, comen y respiran. Y también se preguntan muchas cosas, sobre todo una pregunta les martillea los sesos: ¿Dónde está nuestro dinero? ¿Dónde está el dinero de los griegos? ¿Qué hicieron sus dirigentes, encargados de administrar las millonadas que, procedentes de la Unión Europea, aterrizaron en territorio heleno?
Vivimos en una época de absurdos, de locura disfrazada de otra cosa; una época donde la razón no existe y el miedo clava chinchetas en las manos del ciudadano, en los trabajadores como tú o yo. En Grecia, por ejemplo, los estadistas han gastado miles de millones de euros en partidas para la Defensa. En armamento. Grecia tiene hoy unas infraestructuras irregulares, pero posee modernos cañones y fragatas de primerísimo nivel, que harían pensárselo dos veces al país que ose invadirla. Por ahí, entre otras cosas mal hechas, se le ha ido el dinero a los estadistas griegos: en vestir de fiero Hércules a su ejército, para impresionar a sus vecinos turcos, que tampoco están para lanzar muchos cohetes en cuanto a economía se refiere.
¿Lo sabían los demás países de la UE? Claro que lo sabían. Sobre todo lo sabían los franceses y los alemanes, los principales vendedores de armas de turcos y griegos. Porque Francia y Alemania son los principales acreedores de los griegos, que ya no saben dónde mirar, qué hucha romper para sacar un céntimo sobrante.
En España, mientras tanto, los alcaldes se ponen a dieta y recortan presupuestos a base de alcaldesa de Pozuelo (Madrid) ha enviado a la otra vida la tarjeta de crédito que utilizaba su predecesor para gastos en comilonas y otras baratijas. Otros alcaldes de la rica comunidad autónoma siguen anclados en la abundancia y se resisten a utilizar la tijera en sus nóminas. Seis primeras autoridades de pueblos de Madrid, entre ellos la alcaldesa de Pozuelo, todos del PP, cobran más que el mismísimo Zapatero, presidente del Gobierno.
En España se dice que Defensa se ajusta el cinturón, ¿pero se lo ajusta lo suficiente? Porque a los casi cinco millones de parados les cuesta mucho trabajo discernir el gran dispendio que supone el envío de tropas a Afganistán y el costo doloroso de la guerra de Libia. El ciudadano español ya está cansado de muchas batallitas, y también pregunta qué están haciendo con su dinero.










