Mohamed VI, ZP y Hugo Chávez, tan reales como la vida misma

Por José Manuel García-Otero.

En Marruecos, las autoridades se han movilizado por todo el país para aprobar la nueva constitución, que rebaja un pellizco del poder que tiene Mohamed VI, pero no todo el poder. Los marroquíes, que ya comienzan a estar un poco hartos de tener la bota real en su cogote, no terminan de creérselo. No se creen que Mohamed VI entregue las llaves del poder al jefe del gobierno que él elegirá: están convencidos de que se quedará con una copia.

Zapatero, si pudiera, quemaría esa copia. ZP, que pasará a la historia por ser el presidente más calamitoso que ha gobernado España, nota que las chinches de su colchón se convierten por momentos en tiburones. O en marrajos. O en atún. O en pez espada. O da lo mismo: pescado contaminado. Ahora se ha sabido que los españoles hemos estado comiendo durante siete años pescado (emperador) con niveles excesivos de mercurio. En estos siete años se ha hablado de solidaridad con el mundo, de paz en el mundo, de libertad en el mundo, de ser generosos con el mundo. Pero no se ha dicho ni una sola palabra sobre la contaminación del pescado que comíamos. No sé cómo llamarle a eso pero para la ocultación flagrante de información utilizaría una palabra mucho más fea que mentira o insolidaridad.

Mientras ZP se debate besando los números del calendario, Rubalcaba hace músculos para pelearle a Rajoy. Gimnasia o magnesia. Gimnasio o rezar devotamente en una iglesia o pedirle a un alquimista convertir sus argumentos en oro de superior quilate. O directamente un milagro. O hacer viva la leyenda de los panes y los peces. Total, el desmoronamiento de ETA sí que parece un hecho muy real y mucha culpa de esa descomposición la ha tenido Rubalcaba. Eso dice él, mientras se mira en el espejo sus tristes músculos de alfeñique.

En otra parte de nuestro mundo más conocido y entrañable, Hugo Chávez dijo a los venezolanos y a los habitantes del planeta que tiene cáncer. Esa sí que es una fea batalla. Una sórdida y durísima batalla. Chávez, muy delgado, se ha puesto en manos de todos los santos, sobre todo en manos de los santos doctores de la Cuba del compañero Fidel. Ahora, en los momentos de la verdad, delante de un espejo, desnudito, te percatas de que eres igual que el vecino del tercero, como yo y como aquel: de carne y hueso, con tus miedos y pesadillas, llenito de defectos. Eres hombre y tienes miedo, comandante Hugo. Tienes cáncer. Y no es un sueño.