Humo en la piel ibérica y en Moncloa no se oye ni una mosca
La bicha del calor comienza a ponerse en celo en junio y dispara contra los termómetros. A lo lejos veo humo y también de cerca. Humo por todas partes. El Tribunal Constitucional anda sofocado y desprende un insoportable hedor a chamusquina que echa para atrás. Tres magistrados dicen que se quieren ir y uno de ellos llega a asegurar que se siente secuestrado. Jueces que defienden la Ley denuncian un estado emocional peligrosamente ilegal: secuestro.
Este no es más que uno de los numerosos incendios que chamuscan la piel ibérica, una piel hecha jirones la que gobierna ZP, un tipo que ha clavado los pies en el sillón, lo ha recubierto de cemento y reta a quien lo quiera levantar. ¡A ver, Alfredo, a ver si tienes fuerzas para alzarme un solo centímetro del suelo! Rubalcaba no dice nada en voz alta, pero hasta sus ronquidos llevan letreros y sponsors.
El presunto candidato socialista sigue paseando palmito entre las agrupaciones. En Andalucía, un presunto zapaterista confeso como Griñán le ha prometido a Rubalcaba amor hasta donde llegue la cuerda. La poca cuerda que le queda después del estropicio electoral de aquel mayo de autos tan cercano, que dejó para el arrastre a algunos de los presuntos caciques de Griñán. El zamarreón electoral lo trata de arreglar Fomento a base de nuevas carreteras y nuevos ferrocarriles. Para que el paro se haga flaco en pocos meses y los ancianos sigan mirando el mañana en clave socialista.
Pero el humo se agudiza y los bomberos de la economía mundial siguen desternillándose con el dedo llamador de ZP. El gurú de Moncloa, que dijo que la crisis económica mundial afectaría sólo el flequillo a España y que nuestro país se encontraba preparado para encarar con gallardía el oleaje más alto, se ha quedado mudo ante las consecuencias del tsunami. Lo gastó todo y cuando llama a los rescatadores, éstos le contestan con misiles tierra-aire: menos créditos, más flexibilidad laboral, menos empleo. Y cuelgan. Los rescatadores del Universo no entienden de sentimientos, ni saben el nombre de la Pajín ni entienden por qué sonríe tanto Trinidad con la que está cayendo.
Y caen lenguas de fuego sobre el pellejo hispánico, y en Moncloa no se oye ni una mosca. Todos esperan la palabra de un presidente que dejó al fuego su palabra y aguarda a que desde alguna bodeguilla los oráculos lo iluminen. Rubalcaba mira a todas partes y espera que el presunto de los presuntos tome una decisión cercana a lo correcto. Alguien de por allí ha dejado caer las cortinas y un rumor afilado: en noviembre puede que ZP se vaya de puro aburrimiento. O no. Quizá, ni el presunto de los presuntos se lo crea.










