En las dos esquinas del mundo la gente llora demasiado.

La ejecución de Osama Bin Laden ha convulsionado al mundo, cuyas tres cuartas partes ha celebrado la desaparición del terrorista como si fuera el gol más importante de la historia. La trascendencia de la muerte de OBL no se calibrará hasta que pasen varios meses, quizás algunos años. Se ha ido alguien que encerraba mucho odio en su corazón y maquinaba escenas de tragedia en su cerebro. Pero, desgraciadamente, el mal posee muchos brazos y la locura muchas piernas.

 

 

El mal, la locura y la desesperación son tres hermanos vestidos de negro, que han sembrado llanto en todo el territorio planetario. Muchos no se dan cuenta que la falta de generosidad, la codicia y, sobre todo, la insolidaridad, suponen el mejor abono para que siga la destrucción. Si el que tiene abre la mano al que no tiene, su mejor consecuencia es una sonrisa. La segunda consecuencia es la colaboración. La consecuencia final es el camino.

 

En las dos esquinas del mundo la gente llora demasiado. Y llora porque carece de lo necesario para vivir con decencia. En los países árabes, la gente pide una llave para seguir viviendo, pero los dictadores le responden con disparos y tanques. Osama Bin Laden jamás puso una mano sobre Latinoamérica, que es la otra esquina olvidada. Y en estos queridos países (México, Panamá, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Perú, Colombia, Chile, Paragua, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Argentina…), muchos se acuestan pensando que amanecer sigue siendo uno de los milagros de la vida. Otro milagro sería caminar derecho al día siguiente.

En el norte rico se ha desatado la euforia. De golpe le sobrevino la luz y la autoestima. Ahora se vuelve a sentir poderoso. De golpe, los malos recuerdos quedaron enterrados, y la Justicia recobró sentido, y las familias de los miles y miles de muertos que, en su nombre, quedaron en el camino, vuelven a sonreír. Pero los muertos no sonríen.

El hecho del otro día, guión perfecto que seguro comprará Spielberg para una producción de Hollywood, no tiene que servir sólo para la reelección presidencial de Obama. Yo creo que es una hora aprovechable, hora de la mano del poderoso tendida al necesitado. Quizás las dos esquinas se junten y sonrían. Quizás exista el buen camino.


Fdo. José Manuel García-Otero.