Los políticos y sus frases perfectas para cinco millones de desempleados
España se asoma sin vértigo a los cinco millones de parados mientras la rueda de la vida sigue derramando aceite y mentiras. El 22 de este mes se celebran elecciones municipales en España y me causa asombro la capacidad de los políticos para inventar frases perfectas.

Frases que prometen un mundo mejor, que hablan de soluciones, de iniciativas fantásticas, fórmulas para la felicidad del ciudadano. Los lenguaraces se dirigen a papá ciudadano y les prometen que sus ciudadanos hijos crecerán fuertes, inteligentes y sanos como las fresas de Lepe.
Mi vida por tu voto, querido ciudadano, o lo que seas, pero vótame, pedigüeñea el político. Porque la culpa de la crisis que nos está castigando hasta la asfixia la tienen los otros, malditos los otros. Aquellos que zamarrearon la tranquila sociedad planetaria a base de engaños y créditos hipotecarios, ahora lo tienen que pagar con latigazos de indiferencia y largas caminatas por el desierto de la vergüenza.
Porque los políticos que te piden el voto han dicho que ellos no han hecho nada, palabrita. No tienen la culpa. Zapatero dice que no se siente responsable de estos números escandalosos que cuentan por millones los desempleados. Tú, ZP de las narices, que aseguraste que la crisis pasaría de largo o que, todo lo más, se alejaría de los horizontes hispánicos a mitad del año pasado.
El llorado Ernesto Sábato decía: “El mal mayor de los últimos años es el hecho de que la Humanidad se consagró al más desenfrenado materialismo, a pesar de las advertencias que se levantaron en contra de esta carrera deshumanizadora”. Sin duda, nuestros políticos andarían peleándose con el caballo de la noria y no escucharon ni tomaron nota de las palabras del inolvidable creador de “Sobre héroes y tumbas”.
Yo no vi a ningún político en la manifestación del 1 de mayo y, sin embargo, me faltaron dedos para contar los que habitaban los palcos del Santiago Bernabéu la noche del Real Madrid-Barcelona. Son políticos aquellos que exigieron viajar en clase bussines a cualquier lugar de Europa o América y la suite con mejor vista en los hoteles de lujo. Los políticos no miran al pueblo, no lloran con el pueblo, no padecen con el pueblo. Confunden al pueblo en las estaciones de trenes y hacen de la vida una comedia triste de Roberto Benigni o un disparate de Berlanga.
Esos políticos te piden ahora el voto y lo hacen con su mejor sonrisa y los gestos de alguien que nunca rompe un plato. Esos políticos que miran a otra parte en medio de la tormenta, te convocan ahora a filas y te imploran. Te guardan una frase perfecta. La solución adecuada. Para ti y para al resto de los cinco millones en la cola del paro.










